Virgen de la Peña de Fustiñana

Virgen de la Peña de Fustiñana
Fiesta el Tercer Domingo de Noviembre

PARROQUIA LA ASUNCIÓN DE FUSTIÑANA

Si deseas ponerte en contacto conmigo:
justoypastor@yahoo.es


Teléfonos: +34 948 840 055 y +34 686 011 879

sábado, 31 de diciembre de 2011

Oración a final de año

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,

tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro,

al terminar este año quiero darte gracias

por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor,

el aire y el sol, por la alegría y el dolor,

por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar

y las cosas que pasaron por mis manos

y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,

las amistades nuevas y las que desde antes conocí,

los más cercanos a mí y los que están más lejos,

los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,

con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón:

perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,

por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,

y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando

y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios

nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año:

y detengo mi vida ante el nuevo calendario,

aún sin estrenar, y te presento estos días

que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,

la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad

llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas,

egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno,

que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,

cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí

encuentren en mi vida un poco de Ti.

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad. Amén

Hagamos balance de nuestra vida

Este día en la empresa en donde trabajo realizamos un inventario de fin de año, al terminar dicho inventario meditaba sobre hacer un inventario en mi vida espiritual.

Soy el jefe del área de informática en esa empresa y como tal este día es muy pesado para mí ya que tengo tanta información que procesar que termino viendo numeritos por todos lados, pero en medio de ese cansancio físico y mental, meditaba sobre la importancia de realizar un inventario en mi vida personal.

La mayoría de empresas en mi país realizan estos inventarios a fin de año y otros al iniciar el nuevo año, pero te invito a que realices conmigo un inventario espiritual, para saber si tenemos existencias de dichas cosas en nuestra vida, ¿Te dispones a realizarlo conmigo?, bueno comencemos:

Esta es la lista de las existencias que tenemos que tener en nuestra vida espiritual y si algo hace falta te invito a investigar el porque de esos faltantes:

1. Amor y pasión por Cristo.

2. Deseo ferviente de orar.

3. Interés de leer su Palabra.

4. Espíritu de servicio.

5. Humildad en todo ámbito.

6. Gozo al alabarlo.

7. Quebrantamiento al adorarlo.

8. Inquietud por hablar de Cristo a todo el mundo.

9. Responsabilidad de poner el nombre de Cristo en alto.

10. Preocupación por dar un buen testimonio.

11. Amor por el perdido.

12. Respeto a mis autoridades espirituales y terrenales.

13. Llenura del Espíritu Santo.

14. Disposición de aprender cada día más.

15. Tener claro que mi objetivo es alcanzar la Gloria Eterna.

Seguramente hay muchas más existencias que inventariar, pero te invito a que cada una de estas las busques en tu vida y si todas están en ti, pues te felicito porque estas agradando en gran manera al Señor. Pero ¿Qué pasa con aquellos que al hacer este inventario nos damos cuenta que tenemos muchas faltas?

Es momento de investigar y revisar el plan de nuestra vida para darnos cuenta cada movimiento que realizamos en este año y si de repente encontramos un movimiento un poco raro que nos este causando problemas en nuestro inventario, es momento de ponerlo al día para tratar de mantener nuestro inventario espiritual en orden como a Dios le agrada.

Amigo, amiga, te invito a que no pierdas el sabor del evangelio, que siempre tu objetivo número uno sea el agradar a Dios y que jamás se te olvide que tu objetivo número uno tiene que ser alcanzar la Gloria Eterna.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Antes de cruzar la línea del año viejo y año nuevo

Sonríe porque estrenarás calendario
Con nuevas imágenes, con espacios
en blanco para empezar de nuevo.

Escribe un propósito,
sólo uno, es más fácil de cumplir que toda una lista,
así sea escalar el Monte Everest.

Abraza con todas tus fuerzas como si no los quisieras soltar
demuestra que los quieres tener siempre y ellos se sentirán queridos.

Olvídate de los ritos de año nuevo, maletas, uvas, barrer la puerta,
y dedica ese tiempo a una llamada, a una plática pendiente, a limpiar tu cuarto,
seguro tendrá más trascendencia que unos calzones rojos.

Regala lo que no es tuyo, un sentimiento guardado,
un grito ahogado, un abrigo empolvado.

Y haz una oración, seas creyente o no,
el simple deseo de querer que todo esté bien
nos ayuda a todos.
Pide por ti, por los que ves en ese momento,
por los que te acuerdas,
por los que conoces y no te acuerdas,
pide por el mundo entero.

Quema tu pasado que te detiene.
y todo lo que te estorba a ser feliz.
Y vive cada momento,
con la misma intensidad de cada campanada.

Regálate un gran año.
Hazlo tuyo.

Oración a la Sagrada Familia

Pablo VI


Sagrada Familia de Nazareth:
enséñanos el recogimiento, la interioridad;
danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones
y las palabras de los verdaderos maestros;
enséñanos la necesidad del trabajo, de la preparación,
del estudio, de la vida interior personal,
de la oración, que sólo Dios ve en lo secreto;
Enséñanos lo que es la Familia, su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable. Amén

¿Qué haces para llevar el peso de tus problemas?

Una mujer de nombre Luz Maria, experimentó en cierta ocasión una gran carga, Se sentía tan turbada que no podía dormir, ni comer, arriesgaba su salud física y emocional, estaba a punto de una crisis nerviosa. Sin embargo pudo reconocer que ella nada podía hacer para cambiar sus circunstancias.

Entonces leyó en una revista la historia de otra mujer llamada Rosa, que también había experimentado grandes dificultades en su vida. En el reportaje, una amiga le preguntaba a Rosa, ¿cómo pudo soportar la carga de dichos problemas?

Ella respondió:
- “Hago lo que está en mis manos y lo demás lo pongo ante el Señor”.

Entonces ella continuó diciendo:
- “Pero no tan solo debemos llevarlas ante El. Debemos dejar nuestros problemas con el Señor. No solo esto, sino no debemos quedarnos con ninguno”.

Se cuenta una historia sobre un anciano que juro que nunca viajaría en avión. Sin embargo, cierto día se presentó una emergencia y le fue necesario llegar con urgencia a una ciudad lejana. La vía más rápida de lograrlo era por aire, por supuesto, así que compró el pasaje, y se embarcó en su primer viaje de avión.

Conociendo su renuncia a viajar, cuando sus parientes lo recibieron en el aeropuerto le preguntaron como había ido el vuelo, a lo que el anciano respondió:
- “Supongo que bien, pero les diré una cosa, en ningún momento deposité todo mi peso sobre el asiento”.

El Señor desea que eches todas tus cargas sobre El y que allí las dejes. El anhela que también le entregues el peso completo de tus problemas. Entonces, podrás continuar tu vida con la plena confianza, de que El cuidara de aquellas cosas que le has encargado.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Me lo dijeron, Señor

Que en el bienestar y en el tener,
encontraría el futuro y mi seguridad.
Pero, cada día que pasa,
veo que soy menos que ayer
y que, en muchos momentos,
siento que no soy ni dueño de mi mismo.
Que los acontecimientos caminan muy deprisa
Que la apariencia y la superficialidad es pan que sacia
pero un algo que siempre me falta
SI; ME LO DIJERON, SEÑOR
Que el horizonte era marcado exclusivamente
por la brújula del ingenio humano,
y que, en ese paisaje, poco o nada
Tú, Señor, tenías que ver.
Pero, cada día que pasa,
compruebo que el hombre es un barco a la deriva
y que, empeñado en ser “super-dios”
corre el riesgo de dejar de ser lo que es: hombre
ME LO DIJERON, SEÑOR
Que no hay fuerza que venga de lo alto
que todo lo que somos y tenemos
es fruto del azar o de la pura casualidad.
Pero, cada día que pasa,
siento que algo va a ocurrir;
que Alguien tiene que echar una mano
que Alguien tiene que intervenir
para que, la tierra, no sea un brasero de cenizas.
ME LO DIJERON, SEÑOR
Por ello mismo, porque espero en Ti, Señor
¡Ven! ¡Ven y sálvanos!
Y, a este mundo –roto, gélido y vehemente-
regálanos un poco de esperanza y de ilusión
con tu llegada en Belén.

La campana

Para los monjes y lamas tibetanos la campana tiene un hondo sentido espiritual y forma siempre parte del ritual religioso. Había una vez un joven monje que anhelaba disponer de su propia campana y poderla tener en su propia celda, tal era su anhelo que sus compañeros lo sabían y llegó a oídos del abad del monasterio. Un día le hizo llamar al joven y le dijo:
- Tengo entendido que te gustaría tener tu propia campana para ti, ¿no es así?
- Así es, venerable abad. Me gustaría poder contar con una campana para tenerla en mi celda.
- Pues te propongo una cosa, dijo el abad al monje, si limpias a fondo el monasterio y lo dispones todo perfectamente para el próximo encuentro religioso, que tendrá lugar dentro de una semana, tendrás la campana que tanto deseas, te lo aseguro.
El monje sintió una gran dicha. Por fin sus sueños de poseer una campana se iban a poder hacer realidad. Con dedicación se puso a limpiar y ordenar el monasterio. Fue un trabajo duro, pero guiado en todo momento por la motivación de poder tener la campana. Unos días después, el monasterio estaba reluciente y todo estaba perfectamente ordenado. El monje suspiró aliviado ¡por fin había cumplido su tarea y lo había hecho a la perfección! En verdad se había ganado la campana.
Anochecía, y novicios, monjes y lamas efectuaron la ceremonia del atardecer. Acabada la ceremonia, cada monje se retiró a su celda. Pero el monje que había limpiado el monasterio se acercó a hablar con el abad y antes de decir nada, éste declaró:
- Has hecho un trabajo excelente. Aquí tienes la campana, ahora ve a descansar que buena falta te hace.
El monje se retiró a su celda. Se sentó sobre la cama y como un muchachito ilusionado comenzó a mover la campana para escuchar su embelesante sonido. Pero la campana no sonaba, ¿cómo es posible?, se preguntó extrañado. Dio la vuelta a la campana y se dio cuenta de que no tenía badajo. Se sintió engañado. ¿Era una broma pesada del abad?, ¿quería burlarse de él? ¿no apreciaba lo suficiente el fatigoso trabajo que había llevado a cabo? Corrió hasta la celda del abad y llamó a la puerta.
- Pasa, dijo el abad, te estaba esperando.
- Venerable abad, apenas puedo creer lo que he visto hace unos instantes. Me obsequias con la campana prometida, y resulta que carece de badajo, ¿Para qué quiero una campana que no puede sonar?
- Estas indignado, ya veo -dijo serenamente el abad- pero eres tú el que debe poner el badajo.
El monje miró al abad estupefacto.
- Sí, así debe ser. El badajo es tu claridad y tu compasión internas. No es un badajo de bronce lo que tiene importancia, sino hacer sonar la campana, (la campana maravillosa de tu mente y de tu corazón) con el badajo de tu lucidez y tu benevolencia.
Sobrecogido por la emoción, el monje dijo:
- Nunca nadie hubiera podido hacerme un regalo mejor. Gracias venerable maestro.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los Santos Inocentes

Tanto al tirano le place
hacer de su orgullo ley,
que por deshacer a un REY
un millar de reyes hace.

Por matar a un enemigo
siembra de sangre Belén,
y en Belén, casa del trigo,
no muere un REY, nacen cien.

Y así su cólera loca
no puede implantar su ley,
pues quiere matar a un REY
y corona a cuantos toca.

La furia del mal así
no puede vencer jamás,
pues, cuando me hiere a mí,
estás tu, Señor, detrás.

Estás para convertir
en corona cada muerte,
para decirnos que el fuerte
es el que sabe morir. Amén.

Un león entre corderos

Había en cierta ocasión una cría de león que había sido abandonada entre algunos corderos por su madre moribunda. Éstos cuidaron de la cría de león, que pronto se convirtió en un gran león. Pero como los corderos a su alrededor balaban “ba-a-a”, él también aprendió a hacer lo mismo.

Cierto día, acertó a pasar por allí otro león y vio de pronto al león-cordero balando a pleno pulmón entre el rebaño de corderos. Sorprendido, preguntó al león-cordero:
- "¡Hermano! ¿Qué te ocurre? ¿Cómo puedes hallarte en un estado tan despreciable?"
El león-cordero no dudó en replicar:
- "Soy un cordero y me siento feliz entre mis hermanos"
- "¡Qué absurdo!", rugió el otro león y le dijo: "Ven conmigo. Te mostraré que vives bajo una ilusión."
Llevó al león-cordero a orillas de un río y haciéndole contemplar su propia imagen reflejada en las aguas, le dijo:
- "Mírate reflejado. Eres un león, como yo."
El león-cordero contempló su propia imagen y exclamó con alegría:
- "¡Qué terrible equivocación he cometido! Ciertamente que soy un león. No soy en absoluto un cordero, como creía."
Dicho lo cual, lanzó al aire un terrible rugido y se fue con el otro león.

martes, 27 de diciembre de 2011

Ejercicio de amor-1

Mostraré mi amor siendo paciente,
aún cuando preferiría estar impaciente y desesperarme.

Mostraré mi amor perseverando aún cuando podría ser más fácil renunciar.

Mostraré mi amor sonriendo, aún cuando preferiría quejarme.

Mostraré mi amor diciendo “gracias” por todas las cortesías y amabilidades
que me demuestren, sin importar lo pequeñas o triviales que parezcan.

Mostraré mi amor ofreciendo una actitud caritativa,
aún cuando en realidad no quiera, desde situaciones simples
como mantener una puerta abierta a alguien,
ayudar a limpiar un desorden que yo no hice o dedicar un momento
para ser amable con un extraño que tenga un problema
(O no importando que sea el vecino que más mal me cae).

Mostraré mi amor buscando oportunidades de ofrecer
una palabra o una acción agradable a alguien más a tener un día mejor o más bonito.

Mostraré mi amor adquiriendo el hábito de decir frecuentemente “te amo”
a quienes están cerca de mí, tales como los miembros de mi familia y amigos queridos.

Mostraré mi amor trabajando con alegría aun cuando amanezca con mucha desgana.

Mostraré mi amor siendo sincero, aún cuando una pequeña mentira
se adaptaría mejor a mis propósitos.

Mostraré mi amor llevando a cabo todas mis actividades con integridad.

Mostraré mi amor manteniendo en reserva un secreto,
aún cuando referiría contarlo.
Mostraré mi amor manteniendo mi boca cerrada aún cuando preferiría
chismorrear o criticar a alguien que esté cerca o me resulte antipático.

Mostraré mi amor diciendo una palabra amable, aún cuando me parecería mejor
mostrar una actitud de autoridad con una palabra dura.

Mostraré mi amor siendo cortés en lugar de ser brusco o grosero.

Miedo a volar

Laia


Mis ojos aún continúan intentando acostumbrarse a los rayos del sol. He escuchado ruidos, sonidos de voces durante mucho tiempo, pero aún no me he atrevido a salir. Yo fui la última en romper el cascarón. Y es que allí dentro se estaba tan bien… Sí, estaba muy oscuro, pero era calentito, seguro, tranquilo,… era mi sitio, el lugar en el que me sentía cómoda y parecía que nada ni nadie podía tocarme o desestabilizarme.

Aquel día, cuando di el primer picotazo, vi cómo la luz se abría paso a través de la pequeña rendija que yo misma había creado sin poder dar marcha atrás. Después, continué tímidamente, sin que nadie me ayudara a salir y allí, frente a mí, vi a mis hermanos levantando el vuelo sin ningún temor (o, al menos, eso es lo que a mi me parecía). “Alguien les habrá enseñado” –me decía a mí mismo. Así que allí me quedé, esperando que alguien me enseñara a mí también.

Pasaron los días, los meses, los años, pero el momento de la clase de vuelo no llegaba, y ahí continuaba yo, acurrucado en mi nido, bajo las alas de mamá, viendo cómo mis hermanos eran capaces de salir solos, hacer amigos y hasta de buscar comida. Algunas veces me habían invitado, pero mamá siempre les decía: “Dejad a vuestro hermano, ¿es que no sabéis que él no puede volar?” Y yo me quedaba tan contento y feliz allí, en mi rinconcito, en el lugar en el que me encontraba seguro y resguardado, y me sentía bien por no tener que enfrentarme a los peligros a los que se enfrentaban mis hermanos cada vez que abandonaban el nido. A veces regresaban heridos o cuando ya era muy de noche, pero en la mayoría de las ocasiones venían contando anécdotas muy divertidas. Era entonces cuando yo me quedaba muy triste, porque lo cierto es que yo no me divertía nada en todo el día.

Poco a poco, casi sin darme apenas cuenta, algo en mí comenzó a cambiar y tuve ganas de saber. Tuve curiosidad por lo que estaba un paso más allá de mi nido y quise salir. Al principio sufría de solo pensar en alejarme de allí, pero… quería hacerlo. Me costó mucho tiempo la sola idea de moverme del lado de mi mamá (a ella no le gustó e, incluso, pensó que no lo conseguiría, que ya era mayor para intentarlo). Me planteaba si mis alas servirían y, dentro de mí, sabía que aunque me iba a costar un tremendo esfuerzo aprender a levantar el vuelo lo iba a conseguir, porque había decidido que quería hacerlo. Me caí muchas veces. Lloré, quise abandonar y volver corriendo bajo esas alas protectoras que siempre me dieron seguridad, pero quería vivir mi propia vida, no quería que nadie continuara eligiendo por mí.

Y aquí me encuentro después de muchos intentos fallidos al borde del nido, a punto de emprender mi aventura en solitario. Nadie me dijo nunca que sería fácil abandonarlo, nadie me dijo que lo pasaría bien, pero sí sé que, a pesar de que tengo miedo a volar, Alguien me ha dicho hoy que no me va a dejar solo cuando despliegue mis alas.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Mira al cielo

Cuando te sientas aturdido

por las injusticias de este mundo,

mira el cielo, busca la mirada

de quien nunca te abandona

y siempre te perdona...

No existe mejor consuelo,

búscalo entre las estrellas de la noche

y pronto verás amanecer nuevas esperanzas...

Él está velando por ti...

Acétame como soy

Un soldado que volvía a casa, después haber luchado en Vietnan, llamó a sus padres desde San Francisco.

- Mamá, estoy volviendo a casa, pero antes quiero pedirles un favor. Tengo un amigo, un compañero del ejército al que me gustaría llevar a casa porque no tiene adonde ir.
- Claro, respondieron, nos encantaría conocerlo.
-Pero hay algo que deben saber antes de que vayamos. El sufrió una terrible herida en uno de los combates. Pisó una mina y perdió un brazo y una pierna.
-¡Que lastima! Es horrible, lo sentimos mucho, quizás podamos ayudarlo a encontrar algún lugar para vivir.
- ¡No mamá, yo quiero que viva en nuestra casa!
- Pero hijo, no sabes lo que estás pidiendo, no tienes ni idea de las dificultades de vivir con una persona en esta situación.
La madre de acuerdo con los comentarios del padre añadió:
- Alguien con tanta dificultad seria una carga demasiado pesada para nosotros. Tenemos nuestra propia vida y no queremos que algo así interfiera y limite nuestro modo de vivir. Es mejor que vuelvas tú solo a casa y te olvides del asunto. Él ya encontrará una manera de vivir por si mismo, no te preocupes.

El hijo colgó el teléfono y nunca más supieron de él.

Algunos días después, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía, informándoles que su hijo había muerto al caer de un edificio y que parecía ser un claro caso de suicidio.

Los padres angustiados volaron a la ciudad en la que había ocurrido la desgracia y acudieron a la morgue para identificar el cadáver de su hijo. Al efectuar la identificación, descubrieron horrorizados algo que les llenó de angustia, desesperación y culpabilidad durante el resto de sus vidas... A su hijo le faltaban un brazo y una pierna.


«Vivimos en una sociedad que no admite el sufrimiento, el fracaso o la frustración. Lo queremos todo perfecto y fácil... pero la vida no es así esta llena de contratiempos, de dolor, de situaciones y circunstancias difíciles de comprender y asumir. La única posibilidad que tenemos es, si aprendemos a amar incondicionalmente a los demás, como nos amamos a nosotros mismos»