Virgen de la Peña de Fustiñana

Virgen de la Peña de Fustiñana
Fiesta el Tercer Domingo de Noviembre

PARROQUIA LA ASUNCIÓN DE FUSTIÑANA

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viernes, 2 de marzo de 2012

Bendición de los Peregrinos

Peregrinos de las Javieradas en Navarra

Oremos

Señor Jesús, tú que peregrinaste por primera vez a los doce años desde Nazaret hasta el Templo de Jerusalén para mostrar a los hombres que viniste a cumplir la Voluntad del Padre; bendice a estos hijos tuyos que van a peregrinar al Castillo de Javier. Sé para ellos compañero en la marcha y aliento en el cansancio para que con tu protección lleguen con espíritu renovado al término de la peregrinación y vuelvan a casa con el deseo de ser testigos de Cristo, como Javier. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Invocaciones

- Que Jesucristo dirija vuestros pasos con su gracia y que sea vuestro compañero fiel en vuestra marcha a Javier. Amén.

- Que la Virgen, Santa María de Javier, os proteja en esta Javierada y bajo su manto podáis llegar jubilosos al Castillo de Javier. Amén.

- Que San Francisco Javier os acompañe a lo largo del camino en esta aventura del ser testigos de Jesucristo. Amén.

Posada "Las Cinco Campanas"

El Silencio del Hombre - Historias de Luz y Sabiduría

Érase una vez una posada llamada "La Estrella de Plata". Su dueño hacía todo cuanto podía para cautivar una importante clientela. Se esforzaba en hacer de su posada un lugar confortable, en atender cordialmente a los clientes y cobrar precios razonables. Sin embargo, los clientes no llegaban.
Desesperado, acudió a un Sabio. El Sabio, tras escuchar su sincera pesadumbre, le dijo:
- La forma en que puedes invertir esta situación es muy sencilla. Cámbiale el nombre de la posada.
- ¡Imposible! -dijo el posadero. ¡Se ha llamado "La Estrella de Plata" durante generaciones, y así la conoce todo el país!
El Sabio siguió diciendo.
- A partir de ahora debes llamarla "Las Cinco Campanas"
- ¿Las cinco campanas? –preguntó sorprendido el dueño- ¿qué clase de nombre es ese?
Finalmente, el Sabio dijo con naturalidad:
- Debes además colgar seis campanas en la entrada.
- ¿Seis campanas? ¡Eso es absurdo! ¿Para qué va a servir?
El Sabio no dijo nada más.
Eran tan pobres y débiles las esperanzas que tenía, que el posadero decidió hacer exactamente lo pedido por el Sabio.
Y esto fue lo que sucedió.
No había ningún viajero que, al pasar por delante de la posada, resistiera la tentación de hacer notar el terrible error que el dueño de la posada había cometido. ¡Llamar a un lugar “Las Cinco Campanas” y colgar seis en la entrada! Era una garrafal equivocación que no podía pasarse por alto.
Una vez que el viajero entraba al lugar, quedaba tan impresionado por la cordialidad, calidez y esmerado servicio que decidía alojarse en la posada.
Y así fue como con el tiempo, el dueño consiguió pagar todas sus deudas y ahorrar una pequeña fortuna recordando siempre que no hay nada que le brinde tanto placer al ego como corregir los errores de los demás.

jueves, 1 de marzo de 2012

La paz contigo

Alex Segrelles

¿Y si ganar la paz comenzara
por la cumbre bilateral del abrazo,
por el valle de las lágrimas compartidas,
por ojos que hablaran ternura
y besaran heridas de guerra?
¿Y si ganar tu paz significa
volverme todo yo almohada,
descanso para tus inviernos de hoy,
refugio de incondicional centinela,
peregrino descalzo en tu piel,
un contigo sin mí, en ti mi morada?
Te esperaré con la lumbre encendida
para combatir el frío de tu batalla,
buscaré, en el baúl que no tengo,
algunos silencios dicientes
y todas las palabras mullidas,
pediré que Él nos habite
para hacer de cada paso un hogar,
cruzaremos juntos el ocaso
hacia el mar que enciende las estrellas.
Todo para ser, por fin, la paz contigo.

Dos copas en la mesa

Era jueves, como hoy y hacía frío: Terminaba la guerra y, después de pasar años de angustia solitaria, una mujer salta, exultante de alegría, tras enterarse de que su marido, hasta entonces prisionero de guerra, en tres días, ¡por fin volvía a casa!

Acto seguido, con unos ahorrillos fruto de su trabajo como costurera, alquila una lujosa vajilla y con ella dos finas copas de cristal de roca, diciéndose: “Le voy a recibir como lo que es, el rey de mi vida… ¡por fin podremos tener nuestros hijos!”.

Limpia la casa, que ya estaba limpia, ordena aquí, decora por allá, sin tomarse un descanso, con el empeño que todos sabemos asumen las mujeres hogareñas en ocasiones especiales.

Por su parte, el recién liberado soldado, ignora que su mujer ha sido informada por el Estado Mayor de su regreso. Soñaba despierto durante esa larga travesía por mar, aire y tierra, dando profundas y largas caladas al enésimo cigarrillo, pensando en la sorpresa mayúscula que se llevaría su mujer, a quien por encima de todo, ansiaba volver a ver y abrazar

Llegado el día, aquella tarde, la mujer mira el reloj y sale con paso rápido, al comprobar que aun le da tiempo de ir a la peluquería a darse un retoque en el pelo. Entretanto, el veterano soldado, cansado pero feliz, hambriento del anhelo de ver a su mujer, llega antes de lo que había previsto y decide darle la sorpresa, entrando por la cocina. Algún guiso olía tan rico, que se le hacía la boca agua. Sigiloso, se detiene a mirar por la ventana. Su casa estaba más hermosa que nunca y hasta parecía recién pintada. Todo relucía en aquel espacio habitable, su añorada casa, su hogar…y desde un ángulo, ve la mesa y… ¡Dios mío, no puede ser!, exclama y, destrozado de dolor, llorando amargamente, rabiando como una fiera herida en lo mas profundo de su ser, que ahora no era otra cosa; retrocede primero, luego da media vuelta y se marcha corriendo, mascullando como un loco: ¡Dos copas, ella no esta sola, Dios mío, dos copas!

Y huyó.

miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Dónde encontrar al Señor?
¿Por dónde ir para seguir sus pasos?
Su camino es el camino de la entrega sin límites;
su camino es el camino del amor sin límites;
su camino es el camino de la confianza sin límites;
su camino es el camino de la esperanza sin límites.
¿Dónde encontrar al Señor?
¿Quien podrá ver su rostro?
Lo verán los que tienen hambre y sed de justicia
y claman a Dios para que la paz reine en el mundo;
los que piden a su Señor que haga desaparecer tantas injusticias
y tantas muertes sin sentido.
Lo verán los que tienen misericordia del hermano,
los que tienen un corazón lleno de amor por los demás.
Lo verán los que, a pesar de las amenazas, de los peligros...
no les importa gritar con voz fuerte la Verdad.
Lo verán los que por causa del evangelio
son perseguidos de forma abusiva.
Lo verán los que con fuerza y valentía
construyen el Reino de Dios aquí en la tierra.
¿Dónde encontrar al Señor?
¿Quién lo podrá poseer?
Lo poseerá quien no lo utilice;
quien busque a Dios no por lo que pueda conseguir de él,
sino por Dios mismo, que es el premio.
Lo poseerá quien se deje poseer por el Señor;
quien se deje habitar por él.
¿Dónde encontrar al Señor?
¿En quién habitará nuestro Dios?
Nuestro Dios pondrá su morada
en aquel cuyas obras le alaben.
Nuestro Dios construirá su casa
en aquel que deja que su Señor tenga la iniciativa;
en aquel que para todo confía en Dios;
en aquel que antes de realizar cualquier proyecto
cuenta con nuestro Señor
porque sabe que sin él nada es viable.
Sólo quien le busca lo encontrará para seguir buscándole.
Sólo quien se pregunta podrá encontrar el camino.
Sólo quien viva el amor en su plenitud
contemplará el verdadero rostro de Dios.
Sólo lo poseerá aquel que se deje poseer por él.
Sólo lo alcanzará quien sea alcanzado por su gracia.
Sólo quien viva en tensión, en crecimiento, en maduración
será habitado por el Señor.

Eludiendo el problema

Una lechuza y una tórtola se habían hecho buenas amigas. Un día, la tórtola vio cómo su compañera se preparaba para marcharse, por lo que le preguntó:
- ¿Es que te vas? ¿Adónde?
- Muy lejos de aquí -respondió apenada la lechuza.
- Pero ¿por qué? -preguntó extrañada la tórtola.
- Porque a la gente de este lugar no les gusta mi graznido, se ríen de mí, se burlan, y me humillan -suspiró la lechuza.
Después de cavilar unos instantes, dijo la tórtola:
- Si puedes cambiar tu graznido, es buena idea que te marches, aunque, a decir verdad, ya no necesitarías hacerlo. Si, por el contrario, no puedes cambiarlo, ¿qué objeto tiene que te mudes? Allí donde acudas encontrarás también gente a la que no le guste tu graznido y te tratarán igual que aquí. Entonces, ¿qué harás? ¿volver a huir de nuevo?

domingo, 26 de febrero de 2012

Tú cuidas de mi

Adaptación a la oración del Cardenal Newman


Dios, se que me amas y velas por mi;
y que me llamas por mi nombre.
Me ves y me comprendes, soy obra de tus manos.
Sabes lo que hay en mí, todos mis sentimientos,
mis pensamientos y preferencias,
mi fortaleza y mi debilidad.
Estás conmigo en mis mejores momentos
y en la hora de la cruz.
Miras con ternura mis esperanzas,
y luchas conmigo en las tentaciones.
Te interesas por mis ansiedades y recuerdos,
por los altibajos de mi corazón.
Tus brazos me rodean y me sostienen...
Cuidas de mi con cariño, como un Padre vela por su hijo.
Oís mi voz, mi respiración y los latidos de mi corazón.
Gracias Señor, porque me amas mucho más
de lo que me amo a mí mismo.

Buen humor

Un gerente encontró a dos hombres muy torpes durante un día de entrevistas de trabajo. Le dio a cada uno de ellos una tarea. Más tarde, los hombres se encontraron en una pizzería para comparar sus notas.
- ¡Oye, qué gerente más estúpido! -exclamó el ignorante número uno-. Me dio un billete de cinco dólares y luego me dijo que fuera a comprarle un Porsche. ¡El tonto no me dijo de qué color lo quería!
- ¿Crees que eso es malo? -replicó el ignorante número dos-, estábamos haciendo la entrevista en la sala de conferencias, y me dijo: “Ve hasta mi oficina, y fíjate si estoy allí, si no estoy vuelve y dímelo”. ¡Qué imbécil! Había un teléfono en la sala de conferencias. Pudo haber llamado a su oficina para ver si estaba allí. ¡No debió haberme enviado a ver!
El número uno sacudió la cabeza con tristeza.
- Me alegraré si no obtengo este trabajo. ¿Quién quiere trabajar para un idiota?
- Te comprendo -dijo su compañero.
Volviéndose a la mesera, el primer hombre pidió una pizza con salami.
- ¿Le gustaría que se la cortara en ocho o seis porciones?
- Mejor en seis -replicó el segundo hombre-, no tenemos tanta hambre como para comer ocho.

El buen humor hace todas las cosas tolerables.

Proverbios 17:22: El corazón alegre constituye buen remedio.